Empezando a escribir

No sé porqué escribir está relacionado con la noche, pero de seguro que lo está, es fácil entender a la noche como el momento en que el bullicio de la calle se calma, cuando estás solo contigo mismo, en esos momentos en que tus demonios empiezan a salir, me parece extraño que no ocurra con la luz del sol, en el bullicio del trabajo, o en el bullicio del bus, y me parece extraño que mis demonios se sientan seguros de salir cuando estoy solo, cuando no tengo a nadie.

Creo que empecé a escribir para poder expresar con las teclas de un computador lo que era complicado para mí poder expresar con palabras. Creo que empecé a escribir para poder expresar con mis manos lo que no era posible para mí, soñar, como si mis sueños pudieran dejarse encerrar entre palabras. Creo que empecé a escribir porque me di cuenta que no era tan jodidamente complicado como “mucha gente” lo creía y sin embargo tampoco era tan fácil como “otra gente” diferente de “mucha gente” podía pensarlo. Entonces si esto era así, si era algo no tan sencillo, entonces valía la pena de ser intentado, porque había la posibilidad de que al final de este camino hubiera algo que me llevase más cerca a la razón de mis sinrazones, o que eventualmente me produjera la satisfacción de que por fin había creado algo.

Creo que empecé a escribir porque era una forma de conversar sin tener que conversar. O una forma de conversar en adición a conversar, un conversar de otra manera, un conversar sin las presiones de las conversaciones rápidas y efectivas (o efectistas) del trabajo, y sin las formas de las conversaciones sociales con las que tenía que cumplir. Creo que empecé a escribir porque tal vez era la única forma de adquirir una disciplina que siempre me ha sido esquiva, una disciplina que se esconde detrás de todos los éxitos de las personas, o por lo menos de los éxitos que perduran. Creo que empecé a escribir porque me di cuenta que estaba harto de leer periódicos, que al voltear la página del diario y al cambiar de un diario al otro, lo único real era que cambiábamos nosotros, que las noticias seguían siendo las mismas estáticas, inamovibles, y a la vez intemporales (o atemporales), donde el tiempo nunca existió, no caminó, sólo estaba allí como una fecha puesta como adorno, como una etiqueta que no es ni útil ni necesaria.

Creo que empecé a escribir porque tuve la sensación de que si bien no podía ser una cura  para el cuerpo, podría ser más bien una cura para el alma. Y tal vez es allí en el alma, donde más me necesitaba a mí mismo.

Creo que empecé a escribir para no tener que bailar.

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